lunes, 28 de julio de 2014
Se acerca el # Dia Mundial de la Arepa
viernes, 7 de febrero de 2014
jueves, 6 de febrero de 2014
La arepa fue reconocida como “el mejor desayuno del mundo”
jueves, 1 de agosto de 2013
miércoles, 8 de agosto de 2012
jueves, 5 de julio de 2012
Días de arepa
Los imagino. Chiquititos ellos. Inquietos a más no poder. Los imagino en su primera semana de clases. Imagino, que cada uno de varios días, estará dedicado exclusivamente a enseñarles como hacer arepas. Imagino sus miradas concentradas tratando de emular la perfecta redondez que sale de las manos expertas de la cocinera. Imagino que al terminar la jornada, como polizones, habrán entrado en sus cabecitas curiosas, conceptos que apenas soñé en mi adultez.
En ese salón de clases habrán niños de diferentes partes del país. Todos gritarán ¡siiii! cuando la cocinera les pregunte si saben lo que es una arepa; y con ella vendrá escondida, como polizón, la consciencia más pura de pertenencia, encubierta en la frase: “Venezolanos somos los que comemos arepa”.
Al otro día, entrará un maestro y les enseñará que ese polvo mágico que se trastoca en plastilina al contacto con el agua, en realidad es polvo de maíz. Y con pilón en mano jugarán todos en medio del griterío de los ¡Yo primero! a volver polvo el endurecido maíz y con las arepas de ese día vendrá, como polizón, la consciencia de que en realidad somos hombres y mujeres de maíz, y el orgullo de saber que el maíz y la papa se fueron en barquito a donde no los había. Sabrán que Colón era un señor gordo y bravo al que le dimos comida porque en su país había mucha hambre… y estarán orgullosos.
Sucederán los días. Días de arepa. Un día entrará un señor serio de bata blanca. En una mano ceniza, en otra cal. Les enseñará sobre reacciones químicas y todos quedarán embriagados con el sabor cenizo y crujiente de una arepa pelada. Ese día, como polizón, habrá entrado en sus cabezas, no sólo las ganas de la alquimia transformadora, sino la certeza de que los pueblos poseen sus propias técnicas y es el aprendizaje de ellas, lo que nos permitirá enseñarles a otros nuestra unicidad de muchedumbre conocedora.
Pasarán los días de arepa. Cada uno de los niños aprenderá a perfeccionar la técnica y comenzarán a tener mañas. Unos sin masa, otros planas, el de más allá con quemadito. Con el perfeccionamiento de la arepa y la construcción de gustos particulares en medio de la generalidad, entrará, como polizón, la certeza hermosa de que independientemente del derecho a poseer valores individuales, existen conceptos de unidad nacional que nadie discute como propios.
Al año, los niños ya se habrán enterado –por culpa de las emanaciones embriagantes del edificio contiguo- que los más grandes están cocinando otras cosas. A ellos no les habrá llegado aún el momento. Primero es necesario entender que aunque existan woks, sartenes y ollas; únicamente es el aripo curado con paciencia (o budare como dicen las madres de algunos) y los hornos de latón de la carretera entre Carora y Barquisimeto, los que logran la perfección a la que ya no están dispuestos a renunciar. Por esos días, días de arepa, habrá entrado un nuevo polizón: El perfeccionamiento de las tecnologías populares es el que ha hecho grande a los pueblos. Ese día les contarán que hubo un poeta llamado Aquiles Nazoa que creía en los poderes creadores del pueblo.
Pasarán los años. Años de arepa. Todo entramado de acervo se edifica con un muro de ideas y las clases de cocina serán cada vez más complejas. Para entonces los muchachos habrán pasado por conocer, como polizón, la complejidad detrás del concepto de denominación de origen, gracias a las clases impartidas sobre quesos frescos y sus regiones y tendrán rato aprendiendo los grandes platos de la tradición venezolana. Lengua en salsa, esquiva receta de caraotas refritas, asado negro, pernil que se derrite en la boca, cazón exquisito engalanado con manto de onoto, carne mechada. La arepa se rellena y la única manera de lograrlo es llevando tarea a casa y preguntarle a nuestras familias por su recetario. Para entonces, las arepas serán acorazados cargados de polizones. Uno por cada receta aprehendida.
Llegarán los tiempos finales del bachillerato y de comenzar a volar. Entenderán que detrás del éxito económico está presente un código de barras, la necesidad de estandarizar, lo replicable, los procesos industriales; y al voltear la mirada hacia el paquete de harina precocida, reirán con picardía al saber que, como polizones, cada uno de esos conceptos les fue inyectado con cada paquete amasado.
Y llegará el día, en el que algunos de ellos decidan emigrar y querrán montar un restaurante en el exterior. Ya no estudiarán folletos de franquicias probadamente exitosas. Con las palabras pelúa, sifrina, llanera, pepiá, viuda, budare, pelada, pilada y amarillo; vendrán, como polizones, muchos días de arepas rellenas de país.
SUMITO ESTEVEZ
miércoles, 16 de noviembre de 2011
El Arepanómetro está de regreso... el precio del dólar que está detrás de una arepa
Por Con real y medio blog
Recordamos a nuestros oyentes que la teoría de la revista británica es simple. Si una cadena de comida rápida es capaz de servir la misma hamburguesa Big Mac en todas partes del mundo, lo lógico sería que costara lo mismo. Pero no. Gracias a la guerra de monedas, los consumidores que la compran en otros países pueden pagar mucho más o menos por ella. Mientras en Estados Unidos una hamburguesa sencilla se vende en 4,07 dólares, al otro lado del planeta, en China se compra con el equivalente en yuanes de 2,27 dólares. Es decir a un estadounidense le conviene comer en Mc Donalds en Beijing. En Colombia no ocurre lo mismo, ya que allí cuesta 8.400 pesos, que son equivalentes a 4,74 dólares. Eso quiere decir que la paridad implícita de comprarse una hamburguesa en Colombia es de 2.066 pesos, cuando el tipo de cambio oficial está en 1777 pesos. El dólar Big Mac está por encima, porque el peso colombiano está 17% sobrevaluado, según el último informe que publicó The Economist sobre el Big Mac Index.
La revista británica no investiga e incluye en su reporte el caso venezolano. Así que Con Real y Medio se dio a la tarea de hacer el cálculo, pero no sólo con la hamburguesa, sino también con la arepa. Así es, a nosotros nos ocupa en primer lugar nuestro Arepanómetro. En realidad este índice no se esfuerza tanto en medir lo débil o fuerte de nuestra moneda venezolana. Es sí una referencia fiable para mostrar las distorsiones de nuestro actual sistema cambiario y los efectos de la inflación.
¿Cómo funciona? Pues al igual que el índice Big Mac es indispensable averiguar cuánto cuesta probar una venezolanísima arepa rellena con la misma combinación de aguacate, pollo, mayonesa que se consume en nuestro país, pero en Estados Unidos. Y para desgracia de los inventores del Big Mac Index, hay venezolanos emprendedores que se han dado a la faena de exportar la receta a Nueva York y San Francisco, entre otras ciudades.
Hace un año le comentamos que en pleno East Village de Manhattan venden una Reina Pepiada por 6,75 dólares. Acto seguido hicimos el cálculo. Con el cupo de Cadivi aprobado para viajar una semana (2.000 dólares a 4,3 bolívares cada uno), usted podía tener su "lunch" al degustar una de esas arepas con cargo de 29 bolívares fuertes a la tarjeta de crédito (¿sí pasó? ¡eureka!). En esa oportunidad, la arepa se vendía en Nueva York por un bolívar fuerte menos que en Caracas. Nuestro descubrimiento resultó entonces revelador. Con ingredientes en su mayoría importados, los venezolanos en Manhattan podían producir y vender arepas más baratas.
Con Real y Medio decidió repetir el ejercicio este año, después de toparse en la lejana ciudad de San Francisco con otro restaurante que ofrece arepas venezolanas. Se llama Pica Pica y lleva 2 años abierto en la bohemia calle de Valencia Street, debido a la extraña adicción de los californianos por las arepas. Allí venden la Reina Pepiada, Pelúa o Catira en una versión gourmet y enseñan a los consumidores a llamarla por su nombre con este particular esquema fonético: "Ah- rey- pa", dice el cartel del restaurante.
Hay que advertir que se trata de una arepa del tamaño de un plato de postre, más grande que la que consumimos en Venezuela. Además vienen con un guiso mucho más elaborado, pero que claramente sigue las pautas de la receta venezolana, así que podemos hacer el cálculo.
Cada arepa rellena cuesta 7,99 dólares, cualquiera que sea la combinación que elija. En vista de que todavía es posible cancelar con la tarjeta de crédito autorizada por Cadivi a 4,3 bolívares por dólar, el monto a cancelar al tipo de cambio oficial fue de 34,3 bolívares fuertes.
La arepa mixta en las areperas del este de Caracas cuestan entre 35 y 40 bolívares, lo que quiere decir que esta repetición de nuestra "tostada" local, pero en versión gourmet, cuesta de nuevo menos que en Caracas, a pesar de que se elabora a cientos de kilómetros de distancia y con componentes importados en San Francisco.
Si un estadounidense decidiese venir a Venezuela y comer una arepa, al cancelar los 40 bolívares con su tarjeta de crédito, la comida le costaría 9,3 dólares al tipo de cambio oficial, es decir, al menos un dólar más que en la costa oeste de Estados Unidos. Tal cual como hace el equipo del índice Big Mac, nosotros comprobamos que la paridad implícita de comprarse una arepa en Caracas es de 5 bolívares por dólar, si hacemos la relación con la arepa de San Francisco.
Podemos hacer el ejercicio también con la hamburguesa Big Mac. En los Mc Donalds de Caracas, la hamburguesa cuesta 32 bolívares, es decir, 7,44 dólares al tipo de cambio oficial. Eso quiere decir que el dólar Big Mac está en 7,8 bolívares por dólar, porque la moneda está 81% sobrevaluada con respecto al dólar.
De nuevo en Con Real y Medio nos preguntamos cómo es posible en el caso de la arepa que no exista una diferencia más amplia entre ambos precios que favorezca la hecha en Venezuela. ¿Será que en Estados Unidos hay más ofertas en el supermercado para comprar los ingredientes foráneos con los que se elabora este manjar venezolano? ¿Los empresarios fuera del país ganan menos dinero? O quizás en realidad es que allá no enfrentan costos tan altos para hacer arepas y hamburguesas, porque la inflación anual jamás supera la barrera del 20% anual y las palabras desabastecimiento o escasez están fuera de la rutina.







