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viernes, 7 de octubre de 2011

Yoani Sánchez: ‘En La Habana de hoy mucha gente come una vez al día’

“Es un agente de la seguridad del Estado –me dice Yoani Sánchez, la cubana que se ha convertido en una de las blogueras más célebres del mundo- pero me tiene sin cuidado... Me cansé de esconderme… Decidí ser transparente para el Gobierno cubano. Ellos tienen sus reglas y yo pongo las mías. Por eso estoy aquí, en el malecón de La Habana, para hablar sin miedos...”.

Y, sin miedo, conversamos...

¿Cuál es tu percepción de la realidad actual de Cuba?

El Gobierno cubano ha tratado de disminuir las diferencias sociales visibles, pero lo cierto es que esas diferencias subyacen con un dramatismo que no es evidente para el turista que viene un par de semanas con plan todo incluido. No tienes más que arañar un poco la realidad y te das cuenta… En La Habana de hoy te puedes encontrar a muchas personas que comen una vez al día...

¿Cómo asume el ciudadano común este libreto?

Con estoicismo…. La miseria está tan metida, tan inoculada, que la gente ni siquiera sabe que es pobre... El hecho de comer una vez al día es una práctica nacional, sobre todo para las personas mayores. Paradójicamente las personas de más de 60 años, que fueron los principales sostenes del sistema, los que dejaron su juventud en construir los pilares del Régimen, son los que peor están económicamente, salvo pocas excepciones de personas muy bien situadas en la cúpula estatal...

¿No te has cansado de las entrevistas, luego del ‘boom’ de tu blog , de responder una y otra vez las mismas preguntas? ¿Cómo asumes esa responsabilidad?

Cuando comencé con mi blog Generación Y en abril del 2007, el objetivo era muy claro: terapia personal. Fue un exorcismo para sacar los demonios que había cargado durante demasiado tiempo y para poner fin al silencio, a la apatía, a la simulación. Con el tiempo surgió la responsabilidad con cada cosa que decía y esto es ahora lo que prima en mí.

¿Cómo mantienes el empuje ante la presión que te impone el Gobierno cubano?

Mira, ante esa responsabilidad no hay fatiga posible. Cuando eso se asoma, pienso que esto es lo que puedo y debo hacer, de la misma manera que otros han dado sus vidas o se han consumido en las cárceles. A mí me ha tocado luchar con la palabra y lo haré hasta el fin de mis días, aquí, en Cuba. Lo he dicho muchas veces y lo repito: yo no quiero irme de mi país, yo quiero quedarme porque este es mi país. Estoy haciendo todo lo posible para que mis nietos puedan gritar y decir lo que se les antoje en cualquier esquina de La Habana, así de sencillo...

Todo esto parte de una noción de esperanza...

Soy optimista a largo plazo y pesimista a corto plazo. Sé que vienen tiempos duros para este país, sobre todo para el sector crítico, contestatario. Los finales de los sistemas son siempre así, como los estertores de un moribundo...

¿Cómo percibes el efecto que tu blog y tu actividad en Twitter tienen en Cuba y en el exterior?

A través de mi blog y mis tuiteos percibo, de manera contundente, lo que es la solidaridad ciudadana, el empuje de los proyectos que nacen del pueblo. Esto es lo que el Gobierno no comprende. Ellos creen que detrás de mí y de toda la ‘blogosfera’ cubana están la CIA, El Pentágono... No pueden concebir que el pueblo, ese al que tanto el Régimen menciona, pueda unirse para buscar su libertad...

¿Cómo explicas la longevidad del régimen castrista?

Sin duda en Cuba existe un grupo que cree que sin duda este es el mejor de los regímenes posibles. Pero es muy difícil tener estadísticas en un país donde no hay encuestadoras confiables. Pero digamos que hay un 10% de personas que cree realmente en el sistema. Hay un 10% en el otro extremo, que cree que esto hay que desmontarlo por completo. En medio, un 80% que se mueve en una dirección o en otra según sople el viento porque el oportunismo ha calado muy hondo en el país. Si mañana Raúl Castro dice que va a aumentar los salarios en 40 pesos cubanos, ese 80% está con el 10% que aplaude. Si pasado mañana, Castro dice que el café ya no va a venir puro, sino mezclado con garbanzo, ese 80% se pasa al otro lado...

¿Cómo justifica el Gobierno la falta de libertades que existe en Cuba?

Con la posibilidad de una agresión extranjera a través de alguno de esos canales de libertad. Ellos creen que lo que ha ocurrido en Cuba durante el último medio siglo parte de la voluntad popular y no de la imposición. Estoy segura que ahora mismo ellos están muy arrepentidos de haber abierto la tecnología móvil a la ciudadanía cubana. Se trata de una herramienta de un valor incalculable. No soy solamente yo quien tuitea: cada semana formo a no menos de siete tuiteros. Esto es algo viral, crece de manera exponencial.

¿Cuánto tiempo más antes de que las cosas cambien?

Es muy difícil decirlo con precisión, pero ese día llegará más temprano que tarde. Lo que pasa ahora en Cuba me recuerda mucho el título de una película: ‘Últimas imágenes del naufragio’. Estamos viviendo las últimas imágenes del naufragio de régimen de Fidel y Raúl Castro. Como en todo naufragio, hay quienes ven el espejismo de la tierra y creen que se puede arreglar lo que ha sido un desastre por 50 años y hay también quienes sabemos que hay que remar para llegar a tierra; yo soy de los remeros. La tierra está lejos, pero si remamos, llegaremos...

¿Es posible rescatar logros del Régimen?

Los logros y fracasos del sistema son parte de una larga discusión. Hay quienes vienen buscando el equilibrio, el punto medio, cuando eso no siempre existe. La supuesta educación gratuita, la supuesta medicina gratuita, no son tan gratuitas… A mí no me enseñó a leer el sistema, sino mis maestros, muchos de ellos en contra de ese sistema que se ha llevado los sueños de mucha gente...

Las reformas recientes anunciadas por el Gobierno, como las que atañen al empleo por cuenta propia y la liberalización de la propiedad, ¿tienen algún efecto?

El discurso oficial de las supuestas mejorías se resquebraja por muchas razones, entre ellas el evidente deterioro estructural. En sus cuentas no toman en cuenta que el salario de los cubanos está subvalorado. ¿Cuánto necesita un cubano para tomarse una cerveza? Dos días completos de trabajo y cuatro para comprar una botella de aceite para cocinar.

¿Qué opinión te merece el papel de Hugo Chávez en este ajedrez?

Nefasto. En los 90 hubo un momento en el que parecía que un cambio de fondo era posible en Cuba, hasta que apareció Chávez y regresó una vuelta de tuerca al centralismo, simplemente porque desde Caracas comenzó a llegar petróleo. El gobierno de Hugo Chávez fue para los Castro como el viagra para un ‘envejeciente’. El sistema estaba acabado, impotente, y apareció este hombre como la píldora milagrosa.

¿Y el futuro de esa relación?

La potencial derrota de Chávez en las próximas elecciones ha hecho que el Gobierno cubano trate de ponerse las pilas y haya intentado estas reformas. No obstante, pienso que esa influencia ha menguado porque el poder económico de Chávez ha disminuido. Por otra parte, parecería que Raúl Castro no se lleva muy bien con Chávez, quien fue mas una apuesta de Fidel, no de Raúl.

¿Y la influencia de Fidel en la Cuba de hoy?

Prácticamente no lo menciono. Entró a mi pasado. Mi futuro, y el de Cuba, no incluye a Fidel.

HOJA DE VIDA

Yoani Sánchez

Su experiencia. Cubana, graduada en Filología en el 2000. En el 2007 empezó el blog Generación Y, en el que incluía contenidos de forma clandestina contando la realidad de los cubanos.

Reconocimientos. Ha obtenido varios premios internacionales, como el Ortega y Gasset, que no ha podido recibir porque no puede salir de Cuba.

Su punto de vista. Actualmente se están viendo las últimas imágenes del castrismo en Cuba.

(*) Mario Alegre Barrios. El Nuevo Día, GDA, desde La Habana

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miércoles, 15 de junio de 2011

Amigo poderoso


  • Un fantasma sobre Cuba: que Chávez caiga, como le ocurrió al muro de Berlín

Por Yoani Sánchez

La repetición del desatino, en un ciclo absurdo que vuelve a sucederse una y otra vez, caracteriza al actual sistema cubano. Las mismas consignas regresan, aunque ya no generen la convicción de antaño y los tropiezos superados reaparecen para hacernos caer nuevamente. Es la reiteración infinita del error, de lo mal hecho, de los conceptos probadamente fallidos. Ad infinítum. Como si no hubiéramos aprendido de la realidad o como si la historia reciente no nos advirtiera -a gritos- del desacierto al elegir cierto camino o al implementar determinadas soluciones.

Tal es el caso de la porfiada manía de colgarnos siempre del brazo de un socio externo: poderoso y con recursos. Papel que una vez desempeñó la Unión Soviética, con su tubería directa de rublos, recursos e ideología, instalada desde el Kremlin hasta este lejano trópico. Ahora el nuevo mentor está más cerca. Tiene las manos llenas de petróleo, va vestido de rojo y ha incidido en el curso de nuestro país al menos en los últimos 10 años.

Entre los motivos que frenaron el avance del trabajo por cuenta propia, en su anterior resurgimiento, estuvo la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela. Una vez instalado el teniente coronel en el palacio de Miraflores y con el sustento material que comenzó a enviar hacia esta isla, el gobernante Fidel Castro encontró un modo más centralizado y menos peligroso de aliviar las arcas nacionales. La iniciativa privada había aflorado a principios de los años noventa con la implementación de una legalidad que la permitía y la regulaba. Las calles de toda Cuba cambiaron rápidamente su apariencia, entre pequeñas cafeterías de toldos coloridos y ofertas de alimentos que ya ni recordábamos. Para quienes habíamos padecido las tremendas carencias del quinquenio anterior, el otorgamiento de licencias para ciertas labores nos resultó sumamente esperanzador. Eran tiempos en que trazábamos el futuro como una línea ascendente que despegaba a partir de ese momento, pero no habíamos contado con el factor externo, con la perenne sorpresa que nos trae el “afuera”.

Chávez no solo pasó a ser el más fuerte aliado político en la región, sino que apoyados en sus petrodólares los dirigentes cubanos dieron otra vuelta de tuerca al rigor ideológico. Los vimos renacer de sus cenizas, literalmente, volver a la carga con convocatorias multitudinarias en todas las provincias y con costosos actos de reafirmación revolucionaria. No en balde la llamada -y ya apenas mencionada- “batalla de ideas” logró su infraestructura material por la reventa del crudo venezolano que aún nos llega, a razón de 100.000 barriles diarios. Fue como un pinchazo de adrenalina al corazón de un paciente que estaba bajo el paro cardiaco de la insostenibilidad. Tampoco esta “colaboración entre hermanos” ha sido, vale la pena aclarar, una luna de miel siempre en alza. Ha tenido también sus recortes y sus compromisos no cumplidos. Muchos analistas coinciden incluso en que la nueva apertura al trabajo por cuenta propia en Cuba está dada en parte por la convicción de Raúl Castro de que Chávez no permanecerá mucho tiempo más en el poder. Pero mientras esté sentado en la silla presidencial le colgará -como peso casi muerto- una nación de 11 millones de habitantes y una sola ideología permitida.

Justo por estos días se han firmado en La Habana numerosos convenios bilaterales entre ambos países. Pasamos frente a la tele, vemos las camisas rojas mezcladas con otras de verde olivo y nos recorre un pequeño estremecimiento. Es el temor a que este nuevo soplo de recursos expanda la esfera estatal en detrimento de la privada. Difícil no cargar con esas aprensiones cuando la recién finalizada XI Comisión Intergubernamental Cuba-Venezuela ha dejado acuerdos por valor de 1.300 millones de dólares de intercambio para este 2011. Pero la preocupación no emerge solo de la parte de acá. Incontables voces de la tierra de Bolívar se han pronunciado en torno a la actual relación comercial y a sus desequilibrios. Aunque el Gobierno de La Habana lo explica como intercambio justo entre dos pueblos hermanos, ya es difícil tapar la verdadera inferioridad en que tal relación nos coloca. La prensa oficialista justifica el arribo de tan cuantiosos recursos porque Cuba retribuye con servicios médicos y asesoramiento en otras áreas. Sin embargo, es sabido por todos que el personal de salud enviado a la misión Barrio Adentro recibe salarios absolutamente subvalorados.

El riesgo de despertar un día y comprobar que ya Chávez no está, como una vez le ocurrió al muro de Berlín, flota como una sombra sobre esta nueva dependencia. Pero el temor inmediato parte de algo que ya vivimos, un déjà vu que por estos días nos alarma. Mientras el socio poderoso y externo nos sostenga, cuán poco podrán desarrollarse nuestras frágiles piernas de nación, cuánto más se retrasará la necesaria independencia.

EL PAÍS
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sábado, 4 de junio de 2011

Manual de WordPress escrito por Yoani Sánchez


Por Yoani Sánchez

Hace mucho leí que la prueba de fuego de un poeta era hacer un soneto. La camisa de fuerza de la métrica y la cadencia obligada de su composición sacaban lo peor o lo mejor de quienes ya se habían ejercitado en las lides de la rima asonante. Confieso que con mis irreverentes diecisiete años me parecía que esos endecasílabos, agrupados en dos cuartetos y dos tercetos, eran sólo para aquellos que no habían podido probarse en la libertad de la poesía moderna. Alardes de novedad de los que me pavoneaba, hasta que leí a Quevedo y la teoría de rechazar la combinación de “cuidado” con “enamorado” se me cayó al piso.

Pues bien, tengo que decirles que al igual que un soneto, no hay nada más difícil de escribir que un manual técnico. Ya sé, ustedes se reirán, dirán que cualquiera alcanza a redactar el prospecto de un medicamento o las explicaciones de uso de una lavadora. Inténtenlo a ver si pueden, experimenten para que vean cuán difícil es hacer un folleto de instrucciones y que éste no contenga la misma cantaleta aburrida y falta de gracia que tienen tantos otros. Se percatarán entonces de cuán arduo resulta no parecer demasiado didácticos ni petulantemente profesorales, para evitar que el aburrimiento haga desistir a los lectores.

Les cuento esto porque acabo de terminar un manual sobre WordPress con el título “Un blog para hablar al mundo”. Cuando repaso las más de cuatrocientas páginas que redacté, me preguntó cómo encontré –en esta Cuba inestable– el tiempo, la paz y la destreza para terminar tal libro. Algunos amigos me dicen que he incursionado en un género menor… y eso me hace reír. En realidad –les revelo– sólo he hecho mi propio y delicado soneto, con veinte capítulos que vienen a ser como catorce versos y algunos consejos técnicos a falta de declaraciones de amor. Mi libro, vaya coincidencias de la vida, se presentará en Madrid el próximo 21 de mayo, justo donde nació aquel poeta de gafas redondeadas y nariz aguileña. El mismo insolente que escribió “nadar sabe mi llama la agua fría y perderle el respeto a ley severa”, como si en lugar de un romance eterno relatara el acto de gestionar un blog desde un país hundido en la censura.

GENERACION Y

"Yoani Sánchez es la mejor instructora que uno podría tener, conoce el medio y transmite su pasión." José Luis Orihuela, profesor universitario, confencista, bloguero

Miren el blog del libro y el Folleto promocional en PDF



► El blog de Yoani Sánchez, Generación Y, ha sido elegido por Time Magazine y la cadena norteamericana CNN entre los 25 mejores blogs del mundo.

► En marzo de 2008 supera los 4 millones de acceso, llegando en la actualidad a los 14 millones de entradas mensuales.

► Está traducido en 17 idiomas.

► La página oficial del Departamento de Estado de los Estados Unidos tienen un link a Generación Y.

► En noviembre de 2009, Obama se pronuncia con respecto a su posición diplomática hacia Cuba en una entrevista hecha por Yoani Sánchez. Las preguntas y respuestas fueron publicadas en Generación Y, llegando a recibir más de 5.000 comentarios.

► Cuenta con el apoyo de numerosos colaboradores en todo el mundo que se solidarizan con la causa de la autora y la ayudan a publicar sus contenidos.

jueves, 10 de marzo de 2011

Nuestro hombre en Libia


Yoani Sánchez

Era yo tan solo una bebita en los brazos de mi madre miliciana, apenas un trozo de "hombre nuevo" sin modelar, cuando aquella primavera de 1977 Fidel Castro viajó a Libia. El coronel Muamar el Gadafi lo recibió con todos los honores y le otorgó la Condecoración al Valor, una distinción que se le confería por primera vez a una personalidad extranjera. Frente a las cámaras, el comandante en jefe retribuyó con un apretón de manos al recién nombrado como guía de la revolución. Se miraron y se reconocieron en sus similitudes. Más tarde pasaron al encuentro no televisado, a esa reunión a puerta cerrada donde se fortalecieron los pilares de lo que sería una alianza que duró por más de 30 años.


Cuba y Libia habían emprendido senderos que discurrían en paralelo y que se juntarían en más de una ocasión. El punto de mayor coincidencia se centraba en sus líderes, en la simpatía que se profesaban ambos caudillos. De ahí que en 1980, cuando nuestra isla había sido sacudida por la escapada en masa de más de 100.000 cubanos, Gadafi le volvió a extender oficialmente su mano solidaria. Con un mensaje cargado de loas, felicitaba a Fidel Castro por haber sido reelecto como primer secretario del Comité Central en el II Congreso del Partido Comunista. El militar de academia llevaba por ese entonces más de una década al mando de aquel vasto territorio al norte de África, mientras nosotros superábamos aquí los 20 años escuchando los interminables discursos del máximo líder. Ambos basaban parte de su retórica de autovalidación en la constante referencia a los servicios sociales gratuitos que habían ofrecido a sus pueblos. Era la manera en que nos recordaban -día tras día- el alpiste, pero sin mencionar jamás la jaula.

La yamahiriya se constituyó en el sistema político promulgado por Gadafi en 1977, una especie de república en manos de todos, muy similar a la consigna "el poder del pueblo, ese sí es poder" que nos repetían a nosotros del lado de acá del Atlántico. Si las cosas no funcionaban en Libia, la culpa la tenían los propios ciudadanos que no sabían conducir su nación, si el descalabro económico se apoderaba de Cuba era porque la vagancia y el despilfarro de los individuos le agrietaban el rostro a la utopía. Tanto un líder como el otro sacudían frente a los ojos de sus súbditos el fantasma de la invasión extranjera y el regreso a la dependencia política como la peor de las claudicaciones. El anticolonialismo se constituyó en el lobo feroz que recordaba el excéntrico dirigente de origen bereber, a la par que el guía caribeño escarbaba en los resortes del antiimperialismo, convirtiendo la metáfora de David y Goliat en una perenne referencia a Cuba y Estados Unidos.

Los años noventa los encontraron a ambos quemándose en la hoguera que habían levantado con su terquedad y su actitud beligerante. Gadafi necesitaba limpiar su imagen hacia Occidente, mientras a Fidel Castro le urgía recaudar las divisas que le permitieran mantener el poder después del desplome del bloque socialista. El excéntrico presidente libio pagó indemnizaciones, se abrió tímidamente a la inversión extranjera, renegó -al menos públicamente- del terrorismo y hasta fue invitado por Barack Obama a la cumbre del G-8. El comandante de verde olivo fue más cauteloso, comenzó un proceso de reformas económicas que después trató de controlar con un retorno al centralismo, matizó su discurso belicoso con frases que aludían al daño ecológico que sufre el planeta y al concluir la primera década de este milenio se presentaba ya como un anciano sabio que publica reflexiones iluminadoras.

La prensa oficial cubana deslizó las primeras críticas a la actuación del hermano guía de la gran revolución libia. Le cuestionaba aquella reforma radical del régimen socialista que según él podría conducir a un "capitalismo popular". Tal parecía que los caminos que se habían entrecruzado una y otra vez, comenzaban a desplazarse en derroteros totalmente diferentes.

Sin embargo, con mis 23 años cumplidos, asistí al apretón cariñoso que se volvieron a dar ambos caudillos. A diferencia de aquel marzo de 1977, ya mi madre no quería ni oír hablar de su uniforme de miliciana y el líder libio era difícil de reconocer bajo el maquillaje, las telas y las gafas de sol. En 1998, cuando Fidel Castro participó en la Conferencia del Movimiento de los No Alineados, fue agasajado con el Premio Muamar el Gadafi a los Derechos Humanos que incluía la friolera de 250.000 dólares. Quedaba claro que el intercambio de galardones se constituía, junto a la colaboración económica y militar, las declaraciones de solidaridad y la ausencia de condena, en otra forma de apoyarse mutuamente, en una de las maneras elegidas por ambos para mover esos molinos que empujan -una y otra vez- las aguas del poder sobre sí mismos.

sábado, 9 de octubre de 2010

El día en que Yoani Sánchez regresó a Cuba desde Suiza y rompió su pasaporte

Se fue y volvió

Yoani Sánchez, Héroe de la Libertad de Prensa, muy admirada por mi y por cientos de miles de personas en todo el planeta, cuyas notas tanto han irritado al régimen comunista cubano, era desconocida en 2002 cuando decidió abandonar Cuba en 2002 por motivos económicos, y emigró a Suiza, donde descubrió la informática como profesión y medio de vida.

En la entrada de su página titulada «Vine y me quedé», que pueden leer abajo, Yoani explica que volvió a la isla aduciendo motivos familiares en 2004, pero había perdido su derecho a volver por haber estado fuera del país durante más de once meses sin un permiso especial de la dictadura totalitaria que amarra todavía las vidas de más de 11 millones de personas.

Entonces, para evitar que la obligasen a tomar un avión de vuelta a Suiza rompió su pasaporte, lo que le permitió volver a establecerse en La Habana.


Ese mismo año fundó, junto a otros compañeros, el magacín Consenso y tres años después trabajaba como webmaster, escritora y periodista para el portal Desde Cuba.

En abril de 2007 inició allí su andadura con su propio blog, Generación Y, en un iberespacio que ha sido comparado con una «Sierra Maestra de un nuevo Ejército Rebelde» (Wikipedia)

Vine y me quedé

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Por estos días hace tres años que hice mis maletas en Zürich y junto a mi hijo –por aquel entonces de 8 años- decidí regresar a quedarme en mi país. Hasta ahí puede parecer una simple historia del regreso de un emigrante a su terruño, sino fuera por el detalle de que ambos teníamos salida definitiva. No voy a explicar lo que encierra ese retorcido concepto que empieza a cumplirse una vez pasados los 11 meses de estancia en el exterior, pues todos –los de adentro y los de afuera- lo conocemos muy bien.

Una vez tomada la decisión de virar pá la isla, compramos boletos de ida y vuelta, enviamos nuestros pasaportes al consulado en Berna, para que nos colocaran el recién estrenado sellito de la habilitación del pasaporte, y tomamos el avión con escala en París. En el aeropuerto cubano las consabidas preguntas del motivo del viaje, a las que mi hijo y yo contestamos con el aprendido guión de “venimos por dos semanas a visitar a la familia”. En los escasos 20 kilos de cada equipaje venían todas nuestras pertenencias personales, cuidando que ninguna delatara que se trataba de un viaje sin retorno.

Pasaron las dos semanas incluidas en el boleto y de seguro nuestros nombres resonaron en los altavoces del aeropuerto José Martí, sin que llegáramos a ocupar nunca los asientos comprados. Comenzó entonces la búsqueda de información, para conocer los riesgos y posibles resultados del “arrebato de quedarnos”. A todo el que le preguntaba si sabía de algún otro caso que me pudiera servir de guía para actuar, abría los ojos y me decía “tú estás loca”. Pues sí, de una locura inusual, poco vista, raramente documentada… pero delirio al fin.

Mis amigos creyeron que les hacía un chiste, mi mamá se negó a aceptar que ya su hija no vivía en la Suiza de la leche y el chocolate, y mis vecinos creyeron que regresaba de Mata Hari desde Europa. La clave me la dio alguien con quien me topé: “Lo único que tienes que hacer es romper tu pasaporte, sin pasaporte no pueden montarte obligada en el avión”. Con ese acto pude experimentar por unos meses lo que es estar indocumentado en el propio país.

Justo el 12 de agosto de 2004 me presenté en inmigración provincial para anunciar “Soy yo, aunque no tengo documentos que lo prueben y he venido a quedarme”. Tremenda sorpresa cuando me dijeron, pide el último en la cola de los “que regresan” y dile a la teniente Sarahí que te de el modelo para solicitar el carné de identidad. Así que encontré, de pronto, otros “locos” como yo, cada uno con su truculenta historia de retorno. Un señor que regresaba de España con su esposa e hija, después de cinco años de vivir allá, me dijo: “No te preocupes, van a tratar de forzarte a irte pero tienes que negarte. Lo más grave es que tengas que estar dos semanas detenida, pero la cárcel es aquí mismo y los colchones están de lo más buenos “. Respiré aliviada… al menos lo de dormir estaba garantizado.

Me hicieron un expediente de “quedada”, me advirtieron que “nunca más volvería a salir del país” y me aclararon que iban a ser condescendientes porque había un niño de por medio. No llegué a probar los famosos colchones, pues no podían incluir al menor de edad junto conmigo y tampoco dejarlo en la calle. La clave, para que todo “caminara” más rápido la daba el hecho de que nunca había tenido propiedades -que hubieran sido confiscadas con mi salida- (¿quién de la “Generación Y” tiene alguna propiedad en Cuba?) y que además contaba con la posibilidad de ser nuevamente acogida en el núcleo familiar de donde me había ido. Cada semana debía presentarme en Inmigración para un control de rutina, así hasta que en octubre del mismo 2004, nos expidieron otra vez nuevos documentos de identidad. La cuota del racionamiento la tuvimos de vuelta a mediados de diciembre… ya todo estaba otra vez como antes.

No quiero con esta historia explicar lo que muchos todavía siguen calificando como un acto insensato, sino decirle a aquellos que alguna vez lo han pensado hacer, que es posible. No es tan irrealizable ni tan inusual como los enmarañados decretos y leyes migratorios quieren hacernos creer. Durante meses –desde Zürich- navegué en Internet a la búsqueda de un testimonio que me dijera: “se puede”, sólo encontré palabras de extrañeza, suspicacia y negativa. Así que pensando en otros dementes como yo que están barajando la idea de arremeter y quedarse he escrito esta “crónica de un regreso”.

Publicado en Generación Y el 14 de agosto de 2007.

«Vine y me quedé».

Testimonio

En abril de 2007 me enredé en la aventura de tener un Blog llamado Generación Y que he definido como “un ejercicio de cobardía” que me permite decir en este espacio lo que me está vedado en mi accionar cívico.

Para sorpresa mía, esta terapia personal ganó, en poco tiempo, la atención de miles de personas en todo el mundo. Gracias a la red ciudadana y virtual que se ha tejido alrededor de GY, he podido seguir actualizando este blog cada semana.

Desde marzo de 2008 el gobierno cubano implementó un filtró informático que impide ver mi bitácora en los sitios públicos de Internet en Cuba. De manera que necesito de la solidaridad de amigos fuera de la Isla para colgar mis textos en la red. Gracias también a otros colaboradores voluntarios, Generación Y está traducido a quince lenguas.

Revisen: Desde Cuba Generación Y Twitter @YoaniSanchez y Wikipedia - Twitter link